GEOTERMIA EN COLOMBIA: ¿ENERGÍA LIMPIA O AMENAZA PARA EL PÁRAMO?

Texto: Eduardo Echeverri López - @eduardoechelop
Fotos y videos: Jorge Stevenson Serrato Cardona - @jorgeserratofotografia

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Un proyecto geotérmico de la empresa colombiana CHEC, en el Valle de Nereidas, promete avanzar en la transición energética, pero enfrenta oposición por posibles daños al Nevado del Ruiz.

Fotografía: Jorge Serrato - Jesús Bernardo Rueda, geólogo del Servicio Geológico Colombiano y presidente de la Asociación Geotérmica Colombiana.

Villamaría, Colombia – El Valle de Nereidas es una zona a 3.100 metros de altura, escondida en el corazón de las montañas del Eje Cafetero. La niebla suele envolver el paisaje, pero cuando se despeja aparece, más arriba, uno de los cráteres del volcán Nevado del Ruíz. Es gracias a su poder que, en el subsuelo, a solo dos kilómetros de profundidad, se pueden encontrar temperaturas superiores a los 200 °C y con altas presiones. 

Allí, donde las nubes se enredan con las cumbres volcánicas, la empresa eléctrica CHEC, de propiedad predominantemente pública, busca transformar ese poder dormido en la primera planta de energía geotérmica de Colombia. Es una fuente de energía renovable que podría iluminar los hogares de 400.000 personas.

Pero, no todos están convencidos de que ese poder deba ser despertado. Frente al volcán, las voces de quienes temen por el futuro de la naturaleza y de quienes viven en la zona advierten que lo que está en juego es más que una planta de energía.

La energía geotérmica “es como una olla exprés”, explica Jesús Bernardo Rueda, geólogo del Servicio Geológico Colombiano y presidente de la Asociación Geotérmica Colombiana. Se perfora el suelo hasta encontrar las condiciones deseadas, el vapor sube y mueve una turbina que genera electricidad. “Ese calor natural reemplaza el carbón o el gas, por eso la energía geotérmica es verde. Y el agua que sale se reinyecta, en otra perforación, en el acuífero. Por eso es que decimos que la geotermia es renovable”, agrega.

La CHEC planea generar 30 megavatios (MW), suficiente para cubrir la demanda de energía de los hogares en Manizales, la capital departamental. “El paso siguiente es hacer una perforación, dos o tres, para comprobar que esos estudios tienen visos de realidad”, indica el director de geotermia de la CHEC, Julián López.

La exploración podría comenzar en los próximos dos años y, si el plan se cumple, la planta estaría operativa en 2031. Sería la primera planta de energía geotérmica de Colombia.

Décadas de intentos

Este proyecto llega después de décadas de intentos fallidos en un país que, a diferencia de naciones como Chile, México y Estados Unidos, aún no ha hecho uso de su potencial geotérmico. Este se concentra precisamente en el Eje Cafetero, región que contiene un complejo de volcanes que incluyen el Nevado del Ruiz, el Cerro Bravo, el Cerro Machín y el Nevado del Tolima. La zona tiene la capacidad de generar hasta 130 MW, según estimaciones del Servicio Geológico Colombiano.

No es la primera vez que Colombia intenta aprovechar ese calor subterráneo. La CHEC lo intentó en los años ochenta, pero la erupción del Volcán Nevado del Ruiz -en 1985- obligó a aplazar el proyecto. 

Entonces, la furia del volcán derritió el glaciar, haciendo que el agua bajara por los ríos convertida en avalanchas de hasta 40 metros de altura. Murieron más de 25.000 personas en la región y el pueblo de Armero fue borrado del mapa. Los geólogos pasaron a enfocarse en crear un sistema de monitoreo vulcanológico para que la tragedia no se repitiera.

La CHEC tardó más de una década en intentarlo de nuevo, en 1997, en la misma zona rural de Villamaría donde está el proyecto actual. En esa ocasión, la roca se resistió al taladro a los 1.500 metros de profundidad y la plata para continuar nunca llegó.

Fotografía: Jorge Serrato - Una de las tantas cascadas que bajan desde las montañas del Nevado del Ruiz , recordando la riqueza hídrica del territorio.

Ahora, con una mayor conciencia global sobre la necesidad de energías limpias, Julián López, director de geotermia de la CHEC, cree que la tercera será la vencida. Empresas petroleras, como la estatal colombiana Ecopetrol, han empezado a invertir en otras fuentes de energía con la esperanza de evitar el naufragio en el ocaso de los hidrocarburos.

Esto, sumado al interés del gobierno colombiano por mostrar resultados en transición energética, podría aflojar los bolsillos. De hecho, en el último año se entregaron tres permisos a petroleras para que aprovecharán recursos geotérmicos en la explotación de hidrocarburos.

En 2024, Ecopetrol y la petrolera estadounidense Baker Hughes firmaron un acuerdo con la CHEC para estudiar la factibilidad del proyecto geotérmico en el Valle de Nereidas. Solo la fase de exploración cuesta unos $30 millones de dólares.

A pesar de los costos, López argumenta que la geotermia tiene ventajas sobre otras fuentes de energía renovables. "Una planta solar solo produce energía de día y necesita grandes extensiones. En cambio, la geotermia produce las 24 horas, los siete días a la semana. Eso es relevante porque puede desplazar parte de la generación fósil y diversificar los riesgos de la canasta energética", afirma.

Fotografía: Jorge Serrato - Atardecer desde Manizales, ciudad aledaña al volcán.

Valentina Aristizábal, profesora de energía y sostenibilidad de la Universidad de América en Bogotá, explica que “las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de la geotermia son significativamente menores que las emisiones de combustibles fósiles”. Pero también son el doble de las de la energía solar, incluso teniendo en cuenta la fabricación de los paneles. 

“La geotermia emite entre 0,1 y 0,2 kilos de CO2 por kilovatio-hora, lo cual es significativamente menor que las emisiones de combustibles fósiles como el gas natural (0,45 kg CO2/kWh) y el carbón (0,82 kg CO2/kWh)”, detalla Aristizábal.

Preguntas en una balanza

La carretera que sube al Valle de Nereidas desde Manizales es estrecha y destapada. Bordea las laderas de las montañas y pasa por pequeños caseríos que desafían el abismo. Cascadas de hasta 200 metros sacian la zona en la que predomina la ganadería lechera y pequeños cultivos. Cuando baja el camión de la leche, hay que hacer maniobras para darle paso. Se tarda casi tres horas en hacer un recorrido de 40 kilómetros.

Para las comunidades de la región, el proyecto de geotermia parece igual de lejano. Llevan décadas escuchando que sí, que ahora sí va a llegar, pero sigue quieto. Además, donde se planean hacer los pozos vive poca gente: son grandes potreros de ganadería trabajados por una decena de empleados con alta rotación, mucho más arriba en la montaña. 

Lo que sí ven a diario es la carretera. “Si ese proyecto se llevara a cabo, para mí sería lo mejor que le podría pasar a las comunidades adyacentes, porque genera progresos, se construirían vías, habría empleo, valorización de propiedades”, enumera Félix Supagauta, residente del caserío La Guayana, a orillas de la carretera.

Su hijo, Jaime Arturo Supagauta, reconoce estos beneficios, pero pone el posible impacto en la naturaleza en el otro lado de la balanza. “Quizás empiecen las aguas a mermar sus caudales, porque van a sacarle gases al Nevado del Ruíz, a los páramos”. Son las mismas dudas -dice- que se vienen arrastrando desde la segunda exploración en 1997.

En el caserío de Santo Domingo, Juan Sebastián Blandón es más tajante. “Es muy fácil decir que la geotermia es una producción ecológica de energía cuando no se tiene un contexto. La gente está contenta con la carretera, pero solo la exploración requiere que por esta vía pasen 200 camiones. Para eso tienen que romper toda esta carretera, contaminando más de 30 nacientes de agua”, sostiene.

Las dudas del páramo

Fotografía: Jorge Serrato - Volcán Nevado del Ruiz, ubicado en el Parque Nacional Natural Los Nevados.

El Movimiento Socioambiental Kumanday, una agrupación de activistas y defensores del medio ambiente surgida de la Universidad de Caldas, en la capital departamental, se ha opuesto firmemente al proyecto geotérmico en el Valle de Nereidas. 

El problema está en la ubicación. Natalia Giraldo-Jaramillo, antropóloga con maestría en conservación de la Universidad de Chile y miembro del grupo, afirma que cuatro de los cinco pozos que quiere explorar la CHEC están a menos de un kilómetro del Parque Nacional Natural Los Nevados. Esta reserva de 58.300 hectáreas protege tres de los glaciares que le quedan al país, además de páramos y humedales.

El estudio presentado por la empresa a la autoridad que da los permisos ambientales, Corpocaldas, deja claro que el proyecto no está dentro del parque. Pero su área de influencia indirecta sí se superpone con el parque y zonas de páramo, ecosistemas protegidos. Además, la CHEC solicitó al Ministerio de Ambiente de Colombia que retire parte de una zona de reserva forestal para llevar a cabo la exploración.

Por esto, Kumanday no ve promesas de desarrollo, sino la posibilidad de ruptura del silencio de la alta montaña que, para ellos, es la voz misma de la naturaleza. “No son solo las perforaciones; comprende las vías que hay que construir, las máquinas, el ruido que se va a generar en un ecosistema de páramo y en la zona de amortiguamiento del parque. Si solo en la exploración ya se tienen estas alarmas, no me imagino durante la explotación. No se está siguiendo el principio de precaución que existe en el marco jurídico ambiental”, dice Giraldo-Jaramillo.

Entre los impactos ambientales que reconoce la CHEC está la construcción de la carretera, que pone en riesgo el hábitat de la fauna silvestre. En la zona habita, por ejemplo, al menos una pareja de cóndores que tiene su nido en un risco a pocos kilómetros. También se mencionan nueve especies de murciélagos y dos especies de ranas que pueden ser afectadas por el proyecto, entre otros animales. 

“No vale la pena la geotermia en el páramo”, afirma el abogado Santiago Arias, también de Kumanday. “Nosotros propendemos por una transición energética justa, con las comunidades incluidas. Más que transitar hacia otras fuentes de energía, lo que necesitamos acá y en el mundo es empezar a caminar hacia el descenso energético, es decir, consumir menos”.

La CHEC, por su parte, sostiene que las medidas de mitigación y restauración, detalladas en un plan de casi 300 páginas presentado a Corpocaldas, pueden minimizar los impactos ambientales. Entre ellas están tecnologías silenciadoras para reducir el ruido y reponer cada árbol que se quite.

En su visión, la geotermia no solo es una respuesta a la crisis climática, sino una oportunidad para liderar la transición energética del país. No obstante, los activistas de Kumanday dicen que la mitigación es imposible en un ecosistema tan frágil como el páramo. Y que es mejor dejar la montaña tranquila.

Mientras tanto, el Nevado del Ruiz lanza su propio aviso: el tiempo se agota. Desde 1950 ha perdido un 62% de su glaciar, según datos del Ideam, el instituto meteorológico colombiano. Y si el cambio climático continúa a este ritmo, sus cumbres blancas podrían desaparecer en apenas treinta años.

Esta historia fue producida en el marco del proyecto Narrar la TEJ, impulsado por las organizaciones de la Alianza Potencia Energética Latam.